Un discurso que no se pudo ver desde la calle, gritos por seguridad y consignas contra Jara y Boric: así celebraron los seguidores de Kast su paso a segunda vuelta

“¿Qué se bajen? No entiendo”, dijo Mara Sedini, la periodista, actriz y cantante que desde septiembre integra el equipo estratégico y comunicacional de José Antonio Kast y que, esa noche, ofició como maestra de ceremonias del discurso con que el candidato celebró su paso a segunda vuelta, instalándose como favorito para llegar a La Moneda.

Abajo, a los pies del escenario, cientos de adherentes del líder republicano gritaban desesperados hacia los camarógrafos de los distintos canales de televisión, quienes posicionados sobre un andamio impedían ver el estrado. Durante casi cuarenta minutos insistieron con furia, pero no hubo caso: las cámaras no se movieron. Y ellos, finalmente, tuvieron que conformarse con solo escuchar a su candidato, sin poder verlo.

Kast se hizo esperar. Fue el último de los candidatos en salir a hablarle a su gente y, aun así, el entusiasmo no decayó. Una multitud apretada detrás de vallas, celulares en alto y banderas agitándose a ratos sin fuerza, a ratos con euforia, lo aguardaba en la sede del Partido Republicano, en avenida Presidente Errázuriz, en Las Condes. La dificultad para verlo —pantallas pequeñas, un escenario demasiado bajo, empujones intermitentes— solo aumentaba la expectativa: aquí nadie quería perderse el momento del triunfo.

Entre ellos estaba Cristián, vecino de Renca, que atravesó casi todo Santiago acompañado de su esposa y de su cuñado —quien sufre una discapacidad y se abrió paso lentamente entre la gente— para vivir su primera noche electoral en un comando presidencial.

“Tiene que haber un cambio como país”, decía mientras intentaba acomodarse en la multitud. “La delincuencia cada vez es más, y pienso que las propuestas de Kast son las únicas que pueden cortar todo esto que está pasando… Uno no puede dormir tranquilo, no puede ir en micro, llegar tarde a la casa. Siento que eso nos ofende y nos victimiza. En Renca hay que quedarse en casa”, añadía.

Cristián hablaba rápido, casi en un monólogo, como si necesitara justificar por qué estaba ahí. Pero también insistía en un punto: la inmigración. “Mientras no cierren las fronteras, la delincuencia va a seguir”, recalcaba, convencido de que la seguridad —ese motor que empujó buena parte del voto republicano— comenzaba precisamente por ahí.

A pocos metros de él, otro adherente asentía cada una de sus frases. Había viajado desde Lampa junto a sus hijos, que mataban el tiempo jugando cerca del cerco policial. Los carabineros, también en espera del candidato, se habían transformado en inesperados anfitriones: dejaron que los niños se subieran a las motos institucionales, una postal curiosa en medio de una noche de tensión política. “Necesitamos un país seguro y Kast representa eso”, indicó el hombre.

En medio de la convocatoria apareció Jean, un ciudadano haitiano que llegó acompañado de su amiga Rosa Amigo, excandidata a concejal en Peñalolén. Fue ella quien actuó como traductora y explicó el motivo de su voto: “Lo que más le gustó de Kast es que él dice que también es inmigrante, pero que entró por la puerta, no por la puerta chica. Es decir, de forma regular. Eso lo llevó a votar por él, porque está en contra de la inmigración irregular”, señaló Amigo.

Desde su propia mirada, la excandidata agregó que a ella la movilizan tres temas: la educación, la seguridad y también las cuestiones valóricas. “No se trata de ser, cómo te dijera, tradicionalista, sino que creo que la vida debe continuar bajo un cierto orden. Para mí, la primera constitución no es la que hizo el hombre; la primera constitución es la que dejó Dios, plasmada y escrita en la Biblia. Eso de un hombre y una mujer”, afirmó.

Los jóvenes de Kast

Dentro de los simpatizantes de Kast, había un considerable grupo de Jóvenes, entre ellas estaban Josefina Altamirano y Josefa Ortuzar. Ambas amigas de 19 años votaron por primera vez en la presente elección presidencial.

“Venimos a apoyar a nuestro presidente, ser parte de esto porque es primera vez que voto. Me siento muy identificada con Kast así que obviamente tenía que venir a apoyarlo(…) lo que más me representa es la inmigración, me molesta mucho que venga gente de manera ilegal. Uno no puede ni salir”, indica Altamirano.

Respecto a la agenda valórica del candidato, la joven añade: “Yo siento que lo que tenemos que mejorar es el país y los otros problemas vienen aparte. Lo que está pasando como país nos afecta a todos y siento que las cosas como el matrimonio igualitario ya es algo secundario. Uno prefiere seguridad y estar económicamente y salir primero a la calle. Siento que esos son temas más importantes que hay que priorizar”, añade la joven.

Entre los asistentes también estaba Sebastián Lapostol, estudiante de Ingeniería Civil Industrial en la UDD, quien siguió atento el discurso de Kast y la tensión que se vivía entre los adherentes. Para él, el atractivo del candidato pasa por una idea simple: antes de proyectar cualquier transformación grande, hay que “ordenar la casa”.

“Uno no puede hacer tantos planes sin primero ver que estemos estables”, dijo. “¿Qué sacas con planear mil cosas si después vamos a tener la escoba para atrás? Prefiero ordenar primero, dejar todo bien armado para después seguir avanzando, que todo sea algo ordenado, algo bueno, que terminemos bien”.

Otro punto que lo convenció fue la postura sobre migración. “Me gustan las propuestas. Yo siempre he sido creyente de que los chilenos debieran estar antes que los extranjeros en listas de espera, en los colegios, en todo lo necesario”, comentó. Aun así, aclaró que no se trata de cerrar el país: “Hay que llamar a regularizar, porque no somos un país que va a cerrar la frontera. Si quieren venir a aportar, que vengan, pero que se regularicen”.

 

Fuente: The Clinic