“La pregunta clave para la minería chilena no es si el entorno internacional será favorable pues todo indica que lo será, sino si el país logrará aprovechar esta ventana de oportunidad”, analizó el director ejecutivo de Plusmining.
El escenario actual del cobre combina precios históricamente altos con una demanda global robusta, impulsada por la electromovilidad, la transición energética y el crecimiento de la inteligencia artificial. Sin embargo, detrás de este contexto favorable emerge una paradoja: “Los buenos precios pueden estimular la inversión y mejorar las expectativas del sector, pero también pueden ocultar problemas estructurales de productividad”, advirtió Juan Carlos Guajardo en una columna publicada por AltaLey.
El director ejecutivo de Plusmining analizó que las proyecciones sitúan el precio promedio del cobre en torno a los US$4,95 por libra en 2026, “reflejo de las brillantes expectativas para la demanda y una oferta que ha mostrado dificultades para crecer al mismo ritmo”.
“La electrificación del transporte, la expansión de las redes eléctricas y el desarrollo de nuevas infraestructuras digitales como data centers han reforzado su carácter como insumo crítico”, afirmó.
Guajardo advirtió que este impulso puede ser engañoso. “Los precios altos representan tanto una oportunidad como una advertencia”, señaló, enfatizando que el ciclo actual puede generar una “sensación de holgura” que retrase ajustes clave.
El riesgo de desaprovechar el ciclo
Pese al escenario internacional favorable, el principal desafío para Chile no está en la demanda ni en su potencial geológico. “El principal desafío no está en la demanda global, sino en la capacidad del sistema para ejecutar proyectos con mayor previsibilidad y eficiencia”, sostuvo.
En esa línea, sostuvo que un riesgo es que “se posterguen las reformas necesarias para fortalecer la competitividad de largo plazo” y subrayó que la llamada “permisología” seguirá siendo un factor crítico, ya que “los plazos de tramitación ambiental y sectorial se han transformado en uno de los principales factores que condicionan la competitividad”.
A ello se suman restricciones estructurales más profundas. “El envejecimiento de los yacimientos, la caída gradual de las leyes del mineral y la creciente complejidad técnica de las operaciones” implican que aumentar la producción requiere “inversiones de gran escala y largos periodos de desarrollo”, advirtió.
“La pregunta clave para la minería chilena no es si el entorno internacional será favorable pues todo indica que lo será, sino si el país logrará aprovechar esta ventana de oportunidad”, analizó el director ejecutivo de Plusmining.
“Convertir este ciclo en desarrollo sostenido exigirá instituciones capaces de facilitar la inversión, acuerdos laborales razonables y una visión estratégica sobre el rol que Chile quiere desempeñar en la nueva geopolítica de los minerales críticos”, concluyó.





