Análisis GEM: eventuales huelgas en Escondida y Centinela podrían profundizar caída del cobre y tensionar la actividad económica

El especialista Juan Ignacio Guzmán estima que una paralización completa de ambas faenas podría comprometer unas 3.500 toneladas diarias de cobre. El escenario se da en medio de un fuerte retroceso de la producción nacional y de una contracción de la actividad minera que ya está impactando al Imacec. En Antofagasta, la exposición sería aún mayor por el peso de la minería en la economía regional.

La minería chilena enfrenta un escenario de presión creciente, en momentos en que las negociaciones colectivas de los trabajadores de Escondida y Centinela avanzan en paralelo a un deterioro de los indicadores de producción de cobre y actividad económica. En agosto, la producción nacional de cobre llegó a 369.500 toneladas, lo que representa una disminución de 8% respecto de julio y de 13% en comparación con agosto del año pasado. Se trata, además, del menor nivel mensual desde febrero de 2011.

La menor producción minera también tuvo un efecto directo sobre la actividad económica. En agosto, el Imacec registró una caída de 1,0% en doce meses, mientras que la actividad minera se contrajo 17,4%, principalmente por la menor extracción de cobre.

En una entrevista publicada por MCH, Juan Ignacio Guzmán, gerente general de GEM, analiza que el deterioro responde a una combinación de factores estructurales y coyunturales. “La caída de la producción combina un deterioro minero que ya se anticipaba, especialmente por menores leyes, con interrupciones operacionales y climáticas. La minería explica la contracción del Imacec de agosto”, plantea.

En este contexto, una eventual paralización de Escondida y Centinela podría añadir una nueva presión sobre la producción nacional. De acuerdo con el análisis de Guzmán, “una detención completa de Escondida y Centinela podría comprometer aproximadamente 3.500 toneladas diarias bajo los supuestos de este informe”.

El cálculo toma como referencia una producción diaria de 2.877 toneladas de cobre para Escondida y de 659 toneladas para Centinela. En conjunto, ambas operaciones alcanzarían 3.535 toneladas diarias que dejarían de producirse bajo un escenario de detención completa.

La magnitud del eventual impacto se produce, además, cuando varias de las principales operaciones mineras del país muestran retrocesos acumulados durante 2026.

Entre enero y julio, Escondida produjo 721.390 toneladas de cobre, frente a las 794.921 toneladas registradas en igual período de 2025. La disminución alcanza así un 9,3%.

En Centinela, considerando conjuntamente la producción de sulfuros y óxidos, el volumen pasó de 136.092 toneladas a 113.212 toneladas en el mismo período, equivalente a una caída de 16,8%.

Negociaciones colectivas y continuidad operacional

Las cifras de producción coinciden con los procesos de negociación colectiva que llevan adelante ambas compañías. En este ámbito, Guzmán destaca el nivel de respaldo obtenido por las opciones de rechazo a las respectivas ofertas. “Los votos cercanos al 95% en Escondida y al 98% en Centinela muestran un amplio rechazo a las ofertas”, comenta.

El análisis plantea, sin embargo, una diferencia relevante respecto del alcance que podría tener una eventual movilización en Escondida, debido a las características del sindicato involucrado. “En Escondida negocia el sindicato de supervisores y staff: su importancia para la continuidad operacional puede ser considerable, aunque no representa una huelga de todos los operadores”.

Antofagasta, región especialmente expuesta

El eventual efecto de una interrupción en ambas operaciones no se limitaría a la producción nacional de cobre. Por el peso que tiene la minería en la economía de la Región de Antofagasta, una paralización podría tener una incidencia particularmente relevante sobre la actividad regional. Durante el segundo trimestre, la actividad económica de Antofagasta se contrajo 6,3%, principalmente debido al retroceso de la minería del cobre y, posteriormente, de la construcción.

En paralelo, las exportaciones regionales de bienes disminuyeron 8,3% en volumen, mientras que el consumo de los hogares registró un incremento de 2%.

Para Guzmán, estos datos muestran que el deterioro regional no se ha trasladado de manera equivalente a todos los componentes de la economía. “La exposición proporcional de Antofagasta es mucho mayor”. Y agrega: “Esto muestra una caída concentrada en la producción, sin una contracción equivalente del gasto de los hogares”.

El escenario deja así a la minería nuevamente como uno de los principales factores a monitorear para la evolución de la actividad económica nacional y regional, particularmente en momentos en que las negociaciones colectivas de dos de las principales operaciones cupríferas del país podrían derivar en interrupciones de producción.