Con un consumo mundial en retroceso, compradores internacionales cada vez más sensibles al precio y una competencia creciente en los segmentos de menor valor, el 2026 se perfila como un año de ajuste para la industria vitivinícola y las viñas en general.
Bajo ese escenario, Chile enfrenta el desafío de sostener su posicionamiento como actor relevante en el comercio mundial del vino, reforzando mercados estratégicos como Brasil y consolidando su presencia en destinos tradicionales, mientras intenta responder también a la caída del consumo interno con una apuesta por la cultura, la educación y el valor patrimonial del vino.
La visión de Viña VIK sobre el mercado del vino
Al ser consultados sobre el tema, desde Viña VIK sostienen que el año 2026 será un año de “crecimiento selectivo”. Lo anterior, explican, debido a que “el volumen global seguirá presionado, pero habrá espacio para marcas con relato sólido, consistencia crítica y experiencias de alto valor”.
De acuerdo a datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), el consumo mundial viene en descenso y se ubica en niveles históricamente bajos, mientras que la oferta también está tensionada por el clima.
Desde VIK señalan que “Chile está muy bien posicionado como potencia exportadora y reconocido por consistencia entre calidad y precio, diversidad de valles y creciente foco en sostenibilidad. Wines of Chile destaca que Chile es el 4º mayor exportador mundial”.
En ese sentido, anticipan que los desafíos para nuestro país radican en potenciar una “premiumización real”, ya que “el mercado exige valor ‘demostrable’ —calidad, origen, credenciales, experiencia—. En Chile, el crecimiento exportador reciente ha sido fuerte, pero con señales de presión en precios/mix”.
Y en cuanto a la competencia por la atención, indican que “los consumidores, especialmente generaciones jóvenes ,menos alcohol y el vino compite con propuestas más simples/rápidas de consumir. Esto obliga a mejorar ‘accesibilidad cultural’ sin perder sofisticación”.
En cuanto a estrategias para responder la reducción del consumo interno, afirman que esto “no se revierte solo con ‘promos’. Se responde relevando ocasiones, formato y cultura”.
Respecto de los destinos a potenciar, Viña VIK plantea una estrategia selectiva que consiste en tener menos cobertura, pero más profundidad. Brasil aparece como un motor regional natural, tanto por cercanía como por el crecimiento y sofisticación de sus consumidores —especialmente en grandes ciudades—, mientras que Estados Unidos sigue siendo el escenario clave para construir marcas de alta gama, capturar mayor margen y posicionarse en circuitos de crítica, coleccionismo y gastronomía de alto nivel.
Japón, en tanto, representa —según plantean— un “match” cultural por su valoración del origen, la precisión y la experiencia enogastronómica. China continúa siendo relevante, pero con mayor volatilidad, por lo que —advierten— requiere “un enfoque más quirúrgico en canales, socios estratégicos y educación del consumidor”.
La mirada desde viñas como Ravanal
Mario Ravanal, director de Viña Ravanal, opina que “el año 2026 y el mediano plazo estarán marcados por condiciones de mercado desafiantes, caracterizadas por una fuerte presión sobre los precios y una demanda internacional concentrada principalmente en segmentos de menor valor”.
“Desde una perspectiva económica, esto obliga a la industria a optimizar sus estructuras productivas, mejorar la eficiencia y adaptar su oferta a un entorno donde el volumen y la competitividad de precios adquieren mayor relevancia en el corto plazo”, añade.
En ese contexto, declara que “el año 2026 se proyecta como un período de ajuste para la industria vitivinícola global, marcado por una disminución en el consumo en volumen, pero también por oportunidades para viñas que logren equilibrar eficiencia productiva con calidad y diferenciación. En el caso de Viña Ravanal, la estrategia ha estado orientada a mantener estándares de calidad consistentes, fortalecer su presencia en mercados internacionales y consolidar una oferta diversificada que permita responder a distintos segmentos, siempre resguardando la calidad, identidad y el origen que caracterizan sus vinos del Valle de Colchagua”.
Por otro lado, para seguir fortaleciendo el estatus de Chile en la industria global, el ejecutivo de viñas remarca “la importancia de continuar avanzando en la calidad de la oferta, potenciar el posicionamiento de los valles como denominaciones de origen de prestigio y fortalecer la imagen de Chile como productor de vinos de clase mundial”.
Junto con ello, Ravanal advierte sobre la tendencia de algunas empresas a diversificar su portafolio hacia vinos desalcoholizados o saborizados para sostener volúmenes, aunque considera que estas categorías no representan una solución estructural para la vitivinicultura tradicional ni para el posicionamiento de viñas chilenas en base a productos de calidad.
“Como Viña Ravanal, ese no es nuestro camino. No vamos a sacrificar nuestra identidad ni nuestro compromiso con el vino. Creemos que el futuro de la industria no está en desvirtuar el producto, sino en fortalecer la cultura del vino, en educar al consumidor y en generar una mayor conexión con su origen, su historia y su valor”, asegura.
Asimismo, Mario Ravanal destaca que debe existir un rol claro del Estado en la protección y promoción del vino como producto tradicional, resguardando su origen y evitando que políticas o incentivos desalineados terminen debilitando a los productores vitivinícolas. “Es fundamental que exista una visión país que valore y proteja al vino como parte de nuestro patrimonio productivo y cultural”, concluye.
Fuente The Clinic






