Barquillo, cuchuflí, arena y tradición: la historia de dos familias que mantienen vivos a los favoritos de la playa en Chile

Los cuchuflíes y los barquillos son protagonistas ilustres de los días en la playa en Chile. Negocios familiares que entre generaciones y generaciones se han transmitido no solo las recetas, sino también el oficio de salir a vender por la arena del litoral central.

The Clinic reunió la historia de dos de estos negocios icónicos, que se dedican a la venta de dulces en la Quinta Región: Cepeda’s Barquillos y Cuchuflíes Don Sergio. Relatos que se parecen mucho entre sí: ambos se sostuvieron en el tiempo gracias a la transmisión de saberes, pero que solo recientemente fueron retomados con fuerza por sus sucesores, luego de años en que el oficio quedó distendido por las distintas rutas que tomaban las generaciones siguientes.

“Los ingredientes no se transan por nada”: la calidad reconocida de Cuchuflíes Don Sergio

Víctor Rivera es uno de los herededores del negocio que iniciaron sus abuelos en Papudo, hace aproximadamente 50 años. Vendían la reconocida masa de barquillo en tubo, pero rellena con manjar: en esencia, un cuchuflí, que distribuían por la playa en paquetes de cuatro unidades.

El primer registro del negocio data de 1974. Se trata de una foto en blanco y negro, tomada en la playa y que enmarca al abuelo, Sergio, junto a su canasto de cuchuflí. Hombre que luego, con su esposa, inauguraría la fábrica de sus dulces, la que funcionaba principalmente los fines de semanas. Para ese entonces, también tendrían a sus tres hijos, siendo María la mayor de ellos.

Luego llegarían los nietos, marcando una sucesión que, si bien creció conociendo e incorporando la elaboración y venta de los dulces, fueron distendiendo de a poco la prevalencia de este negocio, en la medida que cada uno emprendía otros rumbos.

Esto, hasta el fallecimiento de los abuelos, momento en el que los nietos Víctor y Sergio, decidieron proponerle a su madre María potenciar la marca de los cuchuflíes. “La verdad es que yo venía de Santiago con muchas ideas”, relata Víctor. “Me di una vuela larga entre la capital, Valparaíso, San Antonio, trabajando como profesor de inglés, y llegué a la conclusión de que no había en ningún lado un producto con la calidad que tenía el barquillo que hacíamos en la fábrica”.

Así, comenta que fortalecieron el negocio a través de la creación de un logo, la apertura de redes sociales y la decisión de ampliarlo: “Mantuvimos el formato de playa, pero aumentamos un formato dirigido a la familia; empezamos a hacer cajas de cuchuflí de 30 y 50 unidades”, una dinámica que Víctor veía funcionar bien en las ciudades y que, en este caso, no fue la excepción.

Y es que lo que vino después fue un éxito. “Yo siempre sentí que el producto era de buena calidad y como que había que saber venderlo nomás, pero nunca dimensioné el alcance”, reflexiona. Hoy en día, la fábrica de la familia funciona de lunes a lunes, moviendo sus productos por los mercados de Zapallar, Cachagua y Maitencillo, incluyendo viñas y pastelerías.

Sobre el sello de la elaboración en Cuchuflís Don Sergio, elevan que “los ingredientes no se transan por nada”. “Hemos tratado de que la calidad del producto prime frente a la industrialización de todo esto”, agregó Víctor.

La nostalgia que acarrea Cepeda’s Barquillos: “Este es el mismo sabor que yo probaba hace tanto años”

El negocio comenzó en la playa de Loncura, en la Quinta Región, hace aproximadamente 70 años, cuando Luis Cepeda emprendió con la venta de “cañones”, o lo que ahora es reconocido sencillamente como el barquillo de playa. Había aprendido a hacer la masa de estos dulces gracias a la receta que un amigo italiano le había enseñado.

Una receta que pronto traspasó a sus hermanos y, eventualmente, a su esposa Quiteria, quienes se fueron sumando a la elaboración y venta de los productos. Con el tiempo, a la familia le empezó a ir muy bien, permitiéndoles contratar maestros y levantar una pequeña fábrica en su casa de Quintero.

“Mi abuelo llegó a tener vendedores en casi la mayoría de la quinta región”, menciona Tomás Cepeda (33), nieto de Luis y que ahora se aboca completamente al negocio. Además, recuerda que su abuelo enseñó el oficio a muchas personas que luego levantaron sus propios emprendimientos, e incluso llegaron a vender su producción a grandes marcas como Savory y Nestlé. Tomás mismo aprendió de la elaboración y vendía en la playa, tal como lo hizo su padre entre los 9 y los 17 años.

Luis Cepeda

Y aunque con el paso de los años, Cepeda’s Barquillos dejó de ser el centro de la familia, entre hijos y nietos que sacaron otras profesiones, logró reactivarse hace dos años. Esto ocurrió cuando el hermano menor de Tomás por 14 años, Sebastián Cepeda, empezó a interesarse en la historia del negocio y le surgió la inquietud por salir a vender en la playa.

Así, decidieron enfrentar el desafío de levantar nuevamente la producción. Con amigos lograron conseguir planchas y cocinillas, y retomaron sus aprendizajes de elaboración de barquillo y cuchuflí. Armaron una marca definitiva con la que, durante el año, venden dulces a pedido, generan cajas comerciales, y llevan a eventos, como cumpleaños o matrimonios. “Pero en la playa está el fuerte, porque es lo que a nosotros más nos ha dado rentabilidad en toda la temporada de verano”, comenta Tomás Cepeda.

Asimismo, afirma que tienen dos propuestas de valor: la nostalgia y el recuerdo. Distribuyendo una receta de cuchuflí que mantienen hace años y años, destacó: “Con la gente que es más adulta y visitadora de la playa constante, nos dicen: ‘saben que esto es lo mismo que yo probaba hace tantos años’, ‘es el mismo sabor’, ‘me conecta con el recuerdo de cuando yo era chico’”.

Sebastián Cepeda

Fuente: The Clinic