El precio del cobre subió 36% desde agosto, generando alivio fiscal y optimismo macroeconómico. Pero, como advierte la economista Cecilia Cifuentes, el país podría repetir errores del pasado si convierte ingresos transitorios en gastos permanentes.
El reciente aumento del precio del cobre —un alza cercana al 36% desde agosto— ha sido interpretado como un viento a favor para el país. No solo aporta más ingresos fiscales, sino que impulsa las cifras macroeconómicas en un momento en que el metal rojo sigue representando más de la mitad de nuestras exportaciones. A primera vista, esta bonanza parece un regalo inesperado. Pero la pregunta central es si esta buena noticia lo es cuando se mira el mediano plazo.
Tal como explica la economista Cecilia Cifuentes en su última columna publicada en El Mercurio, la respuesta es compleja. Tanto familias como países pueden terminar peor después de recibir una ‘lotería’ inesperada si no administran con responsabilidad los recursos. De ahí surge la “maldición de los recursos naturales”: abundancia que puede transformarse en vulnerabilidad. Venezuela es un ejemplo extremo de este fenómeno.
Chile también ha experimentado los riesgos y oportunidades de un ciclo de precios favorables. El boom del cobre entre 2003 y 2012 permitió ahorros fiscales relevantes —más de US$25.000 millones bajo la regla de balance estructural—, pero también generó errores que hoy no debemos repetir, dice Cifuentes. Con activos fiscales reducidos, la primera tarea es reconstruir el ahorro soberano y evitar comprometer gasto permanente basado en ingresos transitorios.
Cifuentes plantea que parte de la crisis política de 2019 se explica por la bonanza anterior: el rápido aumento del precio del cobre desde 2003 desplazó la agenda de crecimiento, frenó la productividad y expandió compromisos sociales permanentes. Cuando el ciclo terminó en 2013, las demandas sociales siguieron aumentando, sin un impulso económico capaz de sostenerlas. Esto derivó en una década de estancamiento y déficit fiscal.
La economista enfatiza que el ciclo actual no debe desviar la atención de las reformas necesarias para mejorar productividad, eficiencia del Estado e instituciones. En especial, avanzar en capital humano: sin una mejora educativa profunda, Chile no podrá sostener incrementos de productividad frente al cambio tecnológico.
La lección es clara: esta bonanza no será permanente. Más que expandir el Estado o asumir compromisos difíciles de sostener, el país debe aprovechar este impulso para fortalecer su desarrollo de largo plazo. Solo así el alto precio del cobre podrá convertirse en una oportunidad duradera y no en un golpe de suerte pasajero, concluye la autora.
Economista Cecilia Cifuentes y alza del precio del cobre: ¿una buena noticia? “Depende”





