El académico Ronald Guzmán expuso que los ciclos de precios altos impulsan la inversión y la puesta en marcha de nuevos proyectos, aunque también aumentan la probabilidad de sobrecostos, plazos más extensos y presiones laborales en la industria.
El fuerte repunte del precio del cobre vuelve a instalar expectativas positivas para la minería chilena, pero también abre interrogantes sobre los efectos que estos ciclos pueden tener en la industria. Con proyecciones que apuntan a un promedio cercano a US$4,95 por libra en 2026, según la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), y cotizaciones que en algunos momentos del año han superado los US$6 por libra en la Bolsa de Metales de Londres, el escenario aparece especialmente favorable para el sector.
Sin embargo, el académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad del Desarrollo, Ronald Guzmán, advirtió en una reciente entrevista con Minería Chilena que los precios récord suelen generar una dinámica paradójica. “En ciclos de precios altos hay un aceleramiento para avanzar con ingenierías, inversión, puestas en marcha y producción de proyectos”, explicó. Ese impulso, agrega, suele traducirse en mayores montos de inversión y en plazos más extensos, tanto en proyectos greenfield como en expansiones de operaciones existentes.
Con los actuales precios del cobre, “la ejecución o puesta en marcha se realiza con mayor riesgo”, sostuvo, lo que puede impactar aspectos técnicos como la producción minera o la recuperación metalúrgica, así como variables económicas vinculadas al aumento del Capex (costos fijos a largo plazo) , del Opex (costos operacionales recurrentes) y de los plazos de desarrollo.
Con todo, Guzmán descartó que los precios elevados provoquen un relajamiento de la industria en materia de eficiencia. A su juicio, el negocio minero se planifica a largo plazo considerando la volatilidad del mercado, por lo que las compañías buscan mantener flexibilidad frente a escenarios de precios altos y bajos.
No obstante, expuso que la eficiencia se ha visto tensionada en el desarrollo de grandes proyectos estructurales. Según planteó, en iniciativas greenfield y brownfield se han producido ajustes en los diseños mineros y cambios operacionales que han terminado elevando costos y plazos, con impactos en la productividad.
El académico también subrayó que la minería chilena enfrenta dificultades para cumplir sus propias metas productivas. Factores técnicos y de planificación han impedido, en varios casos, alcanzar los niveles de producción proyectados. En ese contexto, los precios altos del cobre dejan en evidencia una paradoja: cuando la producción no logra responder, la industria pierde parte de los ingresos adicionales que podría capturar durante los períodos de cotizaciones elevadas.
En ese escenario, concluyó, el diálogo y la transparencia sobre los resultados del negocio serán factores clave para evitar tensiones mayores dentro de la industria.





