Reuso de agua: la apuesta «cinco veces más barata» que compite con la desalinización en Santiago

En medio de la construcción de 12 pozos en Estación Central, con profundidad equivalente al Costanera Center, el gerente general de Aguas Andinas, José Sáez, planteó que transportar agua desalinizada hasta la RM costaría cinco veces más que reutilizarla. El subsecretario de Obras Públicas, Nicolás Balmaceda, respaldó la necesidad de coordinación público-privada y anunció la primera sesión del comité interministerial de infraestructura.

Santiago se construye, literalmente, hacia abajo. El Subsecretario de Obras Públicas, Nicolás Balmaceda; el gerente general de Aguas Andinas, José Sáez; el superintendente de Servicios Sanitarios, Jorge Rivas, y el director de obras de Estación Central, Sebastián Ahumada, supervisaron el avance de las faenas de 12 pozos de más de 280 metros de profundidad al interior de la Escuela de Especialidades de Carabineros, en Estación Central.

Esta primera etapa consiste en cuatro perforaciones, de 280 metros de profundidad, equivalente a la altura del Costanera Center, que entrarán en funcionamiento en 2027 y aportarán 400 l/s a la red de distribución de la ciudad, con un mayor aprovechamiento de las fuentes subterráneas, aumentando de 25% a 40% su producción.

La iniciativa forma parte de la estrategia Biociudad de Aguas Andinas, el plan de US$ 1.000 millones con que la compañía está haciendo frente a la nueva realidad climática.

«Los fenómenos climáticos nos han demostrado que aquello que era nuestra tremenda fortaleza como ciudad, tener en las espaldas un volumen de agua suficiente, no solamente para el consumo humano, sino que fundamentalmente para el desarrollo de la ciudad, lo hemos ido perdiendo», planteó el gerente general de Aguas Andinas, citando el retroceso de más del 60% de uno de los glaciares de la zona de Echaurren.

La cuenta que pone al reuso arriba de la desalinización

Frente a cómo enfrentar la nueva realidad climática, José Sáez hizo una comparación explícita entre las dos alternativas que compiten por prioridad en la agenda hídrica del país: la desalinización y el reuso de aguas. Para las zonas costeras, dijo, desalar «es la solución eficiente», especialmente cuando el agua desalada tiene un uso multipropósito, consumo humano e industrial a la vez. Pero el cálculo cambia para una ciudad como Santiago, que no está en la costa.

Explicó que «desalar en costa y traer esas aguas al consumo a la ciudad significarían incrementar los costos de nuestra cuenta del orden de cinco veces» respecto del reuso (…) esa brecha genera un costo marginal adicional que creemos que habilita fuertemente esta opción» y permite concentrar los esfuerzos de la compañía en avanzar con el proyecto de reutilización.

Datos de la industria apuntan a que el reúso, mediante Retorno Maipo, se traduciría en un aumento de 2% en las cuentas. La desalación, en tanto, implicaría un impacto de entre 25% y 30% en las cuentas de Santiago.

El subsecretario de Obras Públicas, Nicolás Balmaceda, situó el reuso como el siguiente paso de una industria incipiente en Chile. Recordó que el país ya avanzó en desalinización «gracias al impulso de la industria minera» y que hoy existen plantas multipropósito que sirven tanto al consumo humano como industrial. «A futuro también tenemos que pensar que la agricultura va a poder aprovechar de esa fuente, y el reuso es el que viene siguiendo en la lista», señaló. Ese desarrollo, agregó, quedará «al alero» de la unidad de instalación y reuso creada recientemente en la Dirección General de Aguas (DGA), lo que lleva la discusión directamente en el terreno regulatorio: el marco institucional para el reuso en Chile es, por su propia descripción, nuevo.

Los pozos como puente hacia el mediano plazo

El reuso es una de las piezas de la estrategia Biociudad, dentro una cartera más amplia de nuevas fuentes y mientras compite con la desalinización como solución estructuralp de largo plazo, la explotación de aguas subterráneas responde a una necesidad más inmediata, aunque con un límite físico que la propia compañía reconoce.

«Lo complejo hoy es que el acuífero tiene un volumen de agua y lo que estamos extrayendo todos los usuarios […] es más que la que somos capaces de incorporar al acuífero», explicó Sáez, apuntando a proyectos de recarga, tanto de ingeniería como «soluciones basadas en la naturaleza» para sostener esa fuente en el tiempo.

Según el detalle técnico entregado en terreno por representantes de Aguas Andinas, cada pozo produce 100 litros por segundo, el agua es potabilizada con cloro y flúor antes de ingresar a un estanque, y desde ahí se inyecta a la red mediante plantas elevadoras con respaldo eléctrico.

Los pozos de este tipo permiten abastecer a poblaciones de hasta 100.000 habitantes. La ubicación, Santiago Poniente y la zona Sur, responde a un cruce entre disponibilidad de acuíferos con vida útil proyectada de al menos 50 años y zonas de mayor demanda de la red.

Esta batería de pozos se suma a otra infraestructura ya operativa: los estanques de Pirque, que hoy dan a la Región Metropolitana 37 horas de autonomía ante cortes de suministro. Sáez fue explícito en que esa cifra es insuficiente frente a la intensificación esperada de los fenómenos climáticos, y presentó como horizonte de largo plazo el proyecto Retorno Mapocho-Maipo, inspirado en soluciones aplicadas en otras ciudades del mundo que enfrentaron crisis similares.

Coordinación, permisología y la sequía

El subsecretario Balmaceda, encuadró la intervención de Aguas Andinas dentro de una lectura más amplia sobre gestión climática y coordinación institucional. «La seguridad hídrica de las ciudades requiere una planificación de largo plazo y un trabajo coordinado entre distintos actores. En este desafío, la colaboración entre el sector público y privado es sin duda fundamental para impulsar soluciones que permitan enfrentar los efectos de la vulnerabilidad climática», planteó antes de ceder la palabra a Sáez.

Balmaceda describió 2026 como un año «esquizofrénico» en términos climáticos: mayo y junio fueron, según dijo, los dos meses más secos de invierno en 50 años, mientras que julio fue el mes más lluvioso del siglo. «Si pretendemos tener nuevos resultados haciendo más de lo mismo, la verdad que no lo vamos a lograr», afirmó, en referencia directa a la necesidad de proyectos como el de pozos y reuso.

La autoridad anunció que este jueves sesionó por primera vez el comité interministerial de infraestructura, un organismo asesor del Presidente creado por decreto supremo el año pasado y publicado en febrero de 2026, que reúne a 12 ministerios y que hasta ahora no había sido convocado. El reglamento del comité, dijo Balmaceda, obliga además a constituir mesas regionales de infraestructura con participación permanente de las empresas sanitarias, con el objetivo declarado de destrabar nudos de permisología y coordinar iniciativas que hoy avanzan de forma dispersa entre distintas carteras.

Consultado sobre la percepción de que las lluvias recientes habrían puesto fin a la sequía, Balmaceda fue tajante: la mejora hídrica es una «buena noticia» puntual, pero no cambia el diagnóstico de fondo. Chile enfrenta una crisis hídrica de 16 años que no revierte «por unas pocas lluvias uno o dos años lluviosos», sino que corresponde a un fenómeno que las autoridades ya asumen como permanente.

El paréntesis que Sáez no quiere que se pierda

El gerente general de Aguas Andinas coincidió con Balmaceda respecto a a que la coyuntura de lluvias no debe leerse como el fin del problema. «Se nos debilita un poco el relato cuando ocurren las lluvias, y qué bueno que esto sea así porque probablemente nos da un respiro, pero es un paréntesis que solo tenemos que aprovechar en acelerar nuestros planes de adaptación», dijo, apuntando a lo que ocurre «en otras partes del mundo, y no tan lejos de aquí», en ciudades que hoy racionan el suministro por horas o días a la semana.

El ejecutivo insistió en que para una ciudad sin salida directa al mar, la ecuación de costos, y no solo la disponibilidad técnica, es la que empieza a inclinar la balanza hacia el reuso como la siguiente gran apuesta de la política hídrica metropolitana, por delante de la desalinización.

Fuente: ESGHOY